Milli Vanilli: el fraude o la radiografía de la cultura Pop.
.
Los 80 fue la década del entretenimiento a nivel mundial, teníamos MTV, y con ello las revistas de farándula para adolescentes tenían mucho material que darnos, asimismo, los programas musicales de TV locales en cada parte del mundo pugnaban por presentar a una estrella en su plató, a esto le agregamos las discotecas todo estos elementos serían tan rentable para los artistas como los conciertos, cualquier cantante excéntrico más que virtuoso podría llegar a ser una estrella mediática, por tanto, un producto rentable.
Fue a finales de esa década, cuando dos morenos europeos Pilatus y Morvan, ambos conocidos en los escenarios de la vida nocturna de Múnich por su estética audaz (hombreras enormes con charreteras, shorts de lycra, botas militares y rastas postizas) se ofrecieron al productor Frank Farian como coristas y bailarines. y fue su fraude la radiografía de la industria de espectaculo de los 80's.
![]() |
| Duo Milli Vanilli junto a su productor Frank Farían. |
El caso es que, Rob Pilatus, Fab Morvan y Frank Farian fueron la cara y el cerebro de un proyecto musical llamado Milli Vanilli, el cual generó millones de euros en beneficios, no solo eso, se llevó muchos premios. Solo había un pequeño inconveniente: todo era una gran farsa. Milli Vanilli (el mismo es tom el nombre de una discoteca en Berlín) se pasaron todo el verano de 1988 promocionando Girl you know it's true por Europa hasta llevarlo al top 5 en 14 países y al número 1 en Alemania Occidental, Austria y España. El público europeo asumió que esos dos tipos de una comunidad post racial, con ropa de alta costura, cuerpos musculosos y rastas caribeñas eran, los cantantes de la canción. Girl you know it's true que se editó en Estados Unidos en enero de 1989 y, a diferencia de la versión europea del CD, acreditaban a Morvan y a Pilatus como sus vocalistas. Este llegó al número 1 en mes abril.
Se cuenta que Pilatus apenas hablaba en inglés con un espeso acento alemán mientras Morvan francés (nacido en París) no entendía ni hablaba inglés, siendo este en teoría el rapero del dúo. Este descaro no impidió que sus tres siguientes singles (Baby don't forget my number, Girl I'm gonna miss you y Blame it on the rain) llegasen al número 1 en Estados Unidos y para que Milli Vanilli, y se embarcara en una gira veraniega por todo el país con la poderosa cadena MTV. Milli Vanilli recibieron seis discos de platino por las ventas de su álbum (seis millones), que no había salido de la lista top 10 estadounidense en 41 semanas; fueron votados por los lectores de Rolling Stone como el peor grupo y el peor álbum de 1989; estos despidieron a su mánager por no conseguir meterlos en la lista de los músicos más sexys de la revista Playgirl. A nivel monetario Pilatus y Morvan, habían ganado en torno a dos millones cada uno.
El dúo Milli Vanilli ganó el Grammy a mejor artista revelación y se autoproclamó más talentoso que Bob Dylan, Mick Jagger y Elvis Presley. En uno de los timos más escandalosos en el mundo del pop acabó con la academia exigiendoles, por primera y única vez en su historia, que devolvieran el Grammy. Cuando el rumor de que ellos no cantaban las canciones que todos bailaban empezó a expandirse, fue cuando Pilatus y Morvan movidos, probablemente, por la vergüenza se negaron a continuar con la farsa si no les permitían cantar en un segundo álbum, mientras, cara a la prensa ambos negaba tajantemente los rumores de que ellos no cantaban en el disco o en los conciertos y explicaba la importancia de la estética en el pop de la nueva década. En una vuelta de tuerca su productor Farian dio una rueda de prensa sin avisar donde levantó el velo cortina de la mentiras: y contó que Pilatus y Morvan solo eran la cara de Milli Vanilli, cuyo nombre le pertenecía legalmente a él, y que acababan de ser despedidos del proyecto.
El caso es que Farian nos metía los dedos en la boca al indicar lo vanguardista que era su producto: “Dos personas en el estudio y otras dos sobre el escenario. Una parte grabada, otra visual. Una forma de arte en sí misma. La música de Milli Vanilli era fantástica, la gente estaba contenta y lo disfrutaba ¿cuál es el problema entonces? Por favor, todo el mundo lo lleva haciendo 25 años. Madonna, Janet Jackson, todos esos espectáculos con coreografías perfectas que el público exige ahora”, se defendió Farian en el 1990.
Lo cierto es que los puristas no tardaron en culpar a la cultura MTV de este caso tan penoso en el mundo de la música: el canal de vídeos llevaba nueve años revolucionando el pop, que dependía tanto del espectáculo visual como de la música en sí, e impulsando la mitomanía estética de artistas como Michael Jackson, Madonna o Duran Duran. De tal modo que cuando las estrellas salían de gira se veían obligadas a ofrecer un espectáculo que fuera más allá de la música. Tanto, que casi todos los artistas Pop utilizaban pistas de voz pregrabada para poder bailar hasta quedarse sin aire. El apoyo y la difusión insistente de la MTV, fascinada con el ímpetu sexual y los looks sofisticados de Pilatus y Morvan, había sido clave en el triunfo de un dúo como Milli Vanilli entre una generación de jóvenes que consumía todo lo que saliese en la MTV. La sociedad del espectáculo donde todos tienen derecho a aparecer se democratiza con este canal de entretenimiento.
Rob Pilatus, Fab Morvan había sido la cara visible del fenómeno, también lo serían del ridículo que vendria despues. En una rueda de prensa con más de cien periodistas, el dúo se disculpó y responsabilizó de todo a su productor Frank Farian. Ambos aseguraron que todo el mundo en la disquera Arista estaba al tanto de la mentira, incluido su presidente, Clive Davis, a quien se lo contaron ellos mismos en julio de 1989 y quien les sugirió que no asistiesen a los Grammy para que nadie los escuchase hablar.
La enorme repercusión mediática generó críticas a la desfachatez de la industria musical, columnas de opinión sobre hasta dónde podía justificarse el artificio del pop y chistes en todos los programas de televisión a costa de Pilatus y Morvan. Pero los fans no buscaron culpables en el sistema o en la cultura Pop impulsada por MTV, sino en los tribunales. En Estados Unidos se presentaron más de 25 demandas colectivas exigiendo la devolución del dinero de los discos, entradas de conciertos y productos de merchandising. La discográfica Arista, llegó a un acuerdo según el cual los diez millones de personas afectadas podrían reclamar un porcentaje sobre el precio que pagaron. Desde luego, la discográfica negó saber nada sobre el engaño. No obstante, Arista había ganado 46 millones de euros con Milli Vanilli en 22 meses e, incluso si todos los usuarios damnificados reclamasen su devolución, solo perderían la mitad de esos 46 millones.
Los maltrecho y ridiculizados Milli Vanilli esta vez bajo el nombre artístico Rob y Fab, por fin, hicieron un disco que lanzado en 1993 y del cual vendieron apenas 2.000 ejemplares. El productor Farian, por su parte, relanzó The Real Milli Vanilli con los vocalistas originales (Brad Howell y John Davis), dos coristas femeninas y un nuevo fichaje visual: un bailarín negro, musculoso y con rastas. Ante su nula repercusión, un año después Farian relanzó el álbum de este nuevo grupo.
Milli Vanilli tuvo el peor de los desenlace posible cuando Rob Pilatus apareció muerto en el hotel Kent's Cube de Fráncfort a causa de una sobredosis de tranquilizantes mezclados con alcohol. Tenía 32 años en ese momento. Por su parte su compañero Fab Morvan lanzó en 2003 un álbum, titulado Love Revolution, con todas las canciones compuestas, producidas e interpretadas por él. Dedicándose, luego al coaching y a la música como Dj.
Lo cierto, es que el fraude Milli Vanilli animó a Loleatta Holloway (la verdadera cantante de Black Box, reemplazada en el videoclip de su éxito Ride On Time por la modelo Catherine Quinol) y Martha Wash, vocalista en la sombra del éxito Everybody dance now, de C&C Music Factory, a presentar demandas para ser acreditadas como sus cantantes y recibir los derechos de autor correspondientes. Sin ir muy lejos, desde 2013, Britney Spears realizó una gira internacional y mantuvo actuaciones en Las Vegas haciendo playback de todas las canciones. Mientras las entradas a esos conciertos tenían unos precios que oscilaban entre 100 y 1.000 dólares.
En la actualidad, con absoluto descaro la industria no oculta que la inmensa mayoría de artistas recurren al autotune (un programa informático que modula las melodías vocales incluso aunque el cantante no dé ni una sola nota) o al comping (seleccionar durante horas, de entre docenas de tomas distintas, las mejores sílabas hasta confeccionar una toma perfecta) para optimizar sus voces en los discos. En los conciertos algunos recurren al playback, otros incorporan directamente el autotune a su micrófono y otros desafinan sin pudor. Selena Gomez es una gran beneficiaria del autotune, aun desconocemos que hay detrás de las bochornosas presentaciones de Miley Cyrus pero de seguro no es talento vocal. En fin, eso es lo que hay.







Comentarios
Publicar un comentario